Caso Loan: este miércoles retoman audiencias y declara Caillava – Juan Manuel Laprovitta, periodista

LAS AGUAS BAJO FUEGO: EL JUICIO POR LOAN ENTRA EN SU ZONA MÁS OSCURA ENTRE LAGOS QUE SE SECAN Y UN ROMPECABEZAS DE 16 MINUTOS
Mientras la tensión se apodera de los tribunales federales en Corrientes, la causa da un vuelco tan inesperado como estremecedor. La Justicia aprobó drenar lagunas clave en busca de rastros biológicos, salieron a la luz audios desesperados de Carlos Pérez aterrorizado por lo que pudieran “plantar” en sus tierras, y la lupa apunta de lleno a un bache temporal de dieciséis minutos que la defensa jamás pudo explicar con lógica.
Por Redacción de Investigaciones Judiciales
El aire en los pasillos tribunalicios de Corrientes se corta con un cuchillo. A más de dos años de aquella fatídica siesta de junio de 2024 que paralizó y desgarró a la Argentina profunda, el debate oral y público por la desaparición del pequeño Loan Danilo Peña ingresa en su etapa más intransigente y decisiva. Lejos de ser un trámite burocrático de rutina, cada nueva audiencia se transforma en una caja de Pandora donde emergen detalles técnicos, contradicciones groseras y maniobras de distracción que dejan al desnudo la fragilidad de las coartadas tejidas por los imputados.
Con la reanudación de las audiencias y las expectativas volcadas sobre la figura de María Victoria Caillava —la primera de los acusados principales en romper el silencio en esta instancia— y el posterior desfile testimonial de su entorno familiar, el expediente sumó en las últimas horas elementos de prueba tan insólitos como colosales. La decisión judicial de autorizar el drenaje de lagos enteros en la zona rural y el análisis minúsculo de las comunicaciones demuestran que la causa está muy lejos de cerrarse en falso. Al contrario: busca desesperadamente desenterrar una verdad que, hasta ahora, se resiste a salir a la superficie.
I. Operación faraónica: La Justicia autoriza vaciar lagos en busca de rastros biológicos
Uno de los impactos más resonantes de los últimos días fue la luz verde otorgada por la magistratura para llevar adelante un procedimiento de extrema complejidad logística: el secado y drenaje de espejos de agua identificados en el expediente como el Lago N° 1 y el Lago N° 4.
Esta medida excepcional, que demandará al menos treinta días de evaluaciones técnicas para determinar su viabilidad operativa, no surge de un capricho investigativo. Responde a la necesidad imperiosa de rastrillar los rincones más inaccesibles donde la geografía pudo haber actuado como cómplice del ocultamiento. Las autoridades apuntan a recolectar posible ADN ambiental, restos de indumentaria, calzado o cualquier indicio material que permita corroborar o descartar definitivamente las hipótesis más oscuras sobre el destino final de Loan.
El cuarto lago, en particular, colinda con campos pertenecientes a la familia de arraigo en la zona, un territorio al que históricamente tuvieron acceso directo figuras clave del entorno de Caillava, convirtiendo al agua y al fango en centinelas silenciosos de un secreto que las defensas intentan blindar a toda costa.
II. El audio prohibido: El terror de Carlos Pérez a que le “planten pruebas”
Para entender por qué se pone la lupa sobre los campos y las aguadas, hay que retrotraerse a los movimientos febriles de los primeros días posteriores a la desaparición. Durante el programa emitido en vivo, se ventiló un registro documental clave que hasta ahora permanecía en las penumbras de la causa: un audio enviado por el excapitán de navío Carlos Pérez al entonces comisario Walter Maciel.
En esa comunicación, de un tono marcadamente suplicante y a la vez imperativo, Pérez le exige al jefe policial que monte una guardia permanente en una chacra de cuatro hectáreas ubicada a pocos kilómetros del pueblo de 9 de Julio. El motivo aducido no tiene desperdicio: temía, según sus propias palabras, que alguien ingresara a su propiedad para “plantar pruebas falsas” en su contra.
“Por favor, pongan una custodia permanente, no sea cosa que nos encajen algo que no es”, se le escucha decir al imputado, en una suerte de cobertura preventiva que hoy, a la luz de los peritajes, adquiere un matiz completamente distinto. ¿Se trataba de un ciudadano preocupado por la transparencia de la pesquisa o de un estratega consumado intentando blindar el perímetro donde se habrían movido con total impunidad horas después del hecho? Las pericias sobre las camionetas de la pareja, con resultados positivos a rastros de luminol y perfiles genéticos masculinos mezclados en los guardabarros, terminan de dinamitar la coartada de la inocencia ingenua.
III. El bache negro: Los 16 minutos más sospechosos de la noche del 13 de junio
Pero si la geografía y los audios complican a los sospechosos, la tecnología y las cámaras de seguridad municipales marcan un compás de espera insostenible para sus defensores. El análisis milimétrico de los movimientos nocturnos de la tristemente célebre Ford Ranger blanca de Pérez y Caillava dejó al descubierto un bache temporal inexplicable.
Las cámaras urbanas captaron el paso del vehículo frente a la plaza principal de 9 de Julio exactamente a las 22:52 horas del 13 de junio de 2024. Los imputados sostienen que tras cenar o deambular por la zona rural, se dirigieron raudamente hacia el hospital local debido a una supuesta e intempestiva crisis de tos que afectaba a Caillava. Sin embargo, el registro oficial de ingreso al nosocomio marca las 23:08 horas.
Aquí es donde las matemáticas judiciales se vuelven implacables. La distancia lineal entre la plaza y el hospital es de apenas 750 metros; un trayecto que cualquier vehículo a velocidad normal recorre en dos minutos cronometrados, incluso con las precauciones nocturnas de un pueblo pequeño. ¿Dónde estuvieron esos dos sospechosos durante los dieciséis minutos restantes?
La falta de respuestas lógicas alimenta la presunción de que ese desvío temporal no fue un error de cálculo, sino el margen exacto que necesitaban para realizar una escala clandestina, coordinar acciones con terceras terminales o descartar elementos comprometedores antes de ponerse bajo el resguardo de la atención médica pública.
IV. La sombra de Jorge Bertón y la limpieza quirúrgica de los teléfonos
En este intrincado tablero de ajedrez judicial, la atención se desplaza ahora hacia las declaraciones testimoniales programadas para estas jornadas. Tras la esperada comparecencia de María Victoria Caillava, el foco se traslada hacia su propio hijo, Jorge Bertón (conocido en la jerga de la causa como Jorgeto), cuya citación como testigo bajo juramento promete encender chispas en el tribunal.
A diferencia de los imputados, quienes gozan del amparo constitucional de mentir en su propia defensa, Bertón está obligado a decir la verdad ante los jueces. Y su situación procesal no es precisamente holgada. La investigación paralela conducida en el fuero federal por la fiscalía de Mariano de Guzmán puso bajo la lupa los dispositivos móviles pertenecientes a Bertón y a su pareja, Regina.
Los peritajes informáticos revelaron un dato lapidario: entre el 13 de junio —día de la desaparición— y el 21 de junio de 2024, fecha en la que se efectivizaron las primeras detenciones rutilantes, ambos eliminaron masivamente contenidos de sus teléfonos celulares. Una limpieza digital de proporciones quirúrgicas que abarcó una ventana de ocho días completos.
Para colmo de males para el círculo íntimo, las geolocalizaciones de las antenas de telefonía celular complican la narrativa familiar. Mientras Pérez y Caillava juraban no haber tenido contacto con Bertón en las horas críticas, las celdas telefónicas ubican los movimientos de Pérez haciendo ping repetidas veces a escasos 150 metros de la vivienda de su propio hijastro en 9 de Julio, mientras que las cámaras de seguridad del corralón local registraron a la camioneta Amarok de Bertón circulando a un minuto exacto de diferencia de la Ford Ranger de su madre aquella misma noche. ¿Coincidencia numérica o una caravana perfectamente sincronizada?
V. El fantasma de la Fundación Dupuy y el debate sobre los emisarios
Mientras el juicio avanza sobre los carriles estrictos de la desaparición de Loan, los coletazos políticos y sociales de la causa no dan tregua. En la antesala de las nuevas audiencias, se aguarda la resolución respecto al testimonio del referente social Ramón Dupuy, tristemente célebre por la tragedia de su nieto Lucio en La Pampa, cuyo nombre fue utilizado por los autodenominados emisarios de su fundación —como la abogada Elizabeth Cutaia y Alain Canetti— en los primeros meses caóticos de la investigación correntina.
Las defensas intentan despegarse alegando que la estructura legal de dicha fundación jamás estuvo debidamente constituida en la provincia y que su accionar respondió a iniciativas autónomas, rayanas en la intromisión y la obstrucción de justicia. Sin embargo, los interrogantes sobre quiénes financiaban aquellos operativos paralelos, qué se buscaba al reclutar testigos en hoteles y bajo qué directivas operaban estos particulares personajes continúan resonando con fuerza en los estrados.
Conclusión: Un pacto que cruje pero se resiste a caer
El juicio por Loan Danilo Peña transita por una cornisa muy fina. Por un lado, las chicanas procesales y los intentos sistemáticos de las defensas por voltear pruebas cruciales como las pericias de olor y los rastreos cinológicos mediante planteos de nulidad. Por el otro, el peso avasallante de una acumulación indiciaria que, aunque fragmentada, dibuja un mosaico de premeditación, ocultamiento y complicidades sistémicas.
La sociedad argentina, expectante a través de cada transmisión y crónica judicial, sigue aguardando el momento en que alguno de los eslabones de esta cadena de silencio decida cortar por lo sano y contar la verdad. Hasta que eso ocurra, los lagos que están a punto de secarse, los dieciséis minutos inexplicables de la Ford Ranger y los audios desesperados de Carlos Pérez seguirán siendo los testigos mudos de una tragedia colectiva que clama, de una buena vez por todas, por absoluta y completa justicia.