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MICRO ABIERTO EN JUICIO DE LOAN PEÑA DESTAPA LA POSICIÓN REAL DEL MENOR POR EL AMERICANO!

EL CAOS QUE DEJó ESCAPAR A LOAN: Revelan los errores fatales de las primeras 48 horas, pistas plantadas y una interna policial feroz que pone al desnudo el peor encubrimiento

A más de dos años de aquel fatídico mediodía del 13 de junio de 2024 en el paraje Algarroval, en la localidad correntina de 9 de Julio, el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña sigue arrojando esquirlas tan dolorosas como reveladoras. Con diecisiete imputados en el banquillo y un debate oral que se extiende entre chispazos políticos, coartadas dudosas y una marea de testigos, las audiencias judiciales se han convertido en el escenario donde finalmente sale a la luz lo que muchos sospechaban desde el primer día: el desgobierno investigativo, la impericia y una feroz disputa de egos entre fuerzas que convirtieron las horas más críticas en un verdadero campo oreado para la impunidad.

En medio de este laberinto judicial, una de las declaraciones más esperadas y devastadoras sacudió los cimientos del tribunal. Se trata del testimonio de Sofia Risco, integrante del Sistema Federal de Búsqueda de Personas (CIFEBU), quien expuso ante los jueces un panorama dantesco sobre cómo se manejó el inicio de la búsqueda del niño de cinco años. Su relato no hizo más que confirmar lo que las familias y los expertos independientes denunciaban en voz baja: la investigación nació viciada, desorganizada y marcada por una resistencia institucional que lindaba con el boicot.

El descontrol en el “Área Cero” y las horas de oro perdidas

Las llamadas “horas de oro” en una investigación por la desaparición de un menor son el pilar fundamental sobre el cual se construye la posibilidad de un hallazgo con vida. Sin embargo, en el caso Loan, esas horas se evaporaron entre la desorientación y la falta de protocolos elementales. Según detalló Risco durante su exposición en el debate, el equipo federal arribó a la provincia de Corrientes recién el sábado 15 de junio, es decir, casi 48 horas después de que el rastro del niño se desvaneciera tras el almuerzo en la casa de la abuela Catalina.

Lo que se encontraron al llegar al terreno desafiaba cualquier manual básico de criminología. Lejos de ser una escena preservada bajo estrictos cordones de seguridad, el denominado “Área Cero” era un hervidero humano. “Había cientos de personas caminando libremente por el lugar, bomberos intentando mejorar los caminos intransitables con vehículos particulares y una circulación masiva que arrasó con cualquier evidencia”, señaló la funcionaria ante el tribunal.

La falta de anillos de seguridad perimetral permitió que curiosos, vecinos y movileros transitaran sin restricciones por la zona del naranjal y sus adyacencias. Esta contaminación masiva de la escena provocó que los perros de rastreo —especialmente los canes entrenados en búsqueda específica de personas— se vieran imposibilitados de trabajar correctamente. La superpoblación de pisadas y olores ajenos barrió literalmente el rastro que Loan pudo haber dejado en su caminata inicial.

La interna policial y la reticencia del poder local

Uno de los puntos más álgidos de la declaración de Risco giró en torno al trato recibido por parte de las autoridades provinciales y policiales locales en los primeros días. La funcionaria fue tajante al calificar la actuación inicial de la policía de Corrientes como “mala” y señaló abiertamente una marcada reticencia por parte de ciertos mandos, con el entonces comisario Walter Maciel a la cabeza, para colaborar con los equipos nacionales.

“Notamos una reticencia, un recelo profesional o una falta de voluntad para compartir los expedientes y las medidas que se estaban tomando”, indicó la especialista. Mientras el tiempo corría en contra, la disputa de jurisdicciones y el temor a la intervención federal primaron sobre la urgencia de encontrar al pequeño. Risco recordó que, al intentar coordinar las acciones, el fiscal de la causa en esos momentos iniciales, Juan Carlos Castillo, no facilitó el acceso inmediato a las actuaciones, escudándose en que el sistema procesal de la provincia se manejaba de otra manera y que no existía una obligación legal estricta de compartir cada detalle de manera informal con los equipos federales.

La incomunicación era tal que ni siquiera existían radios o sistemas de handy operativos entre los distintos grupos de búsqueda. La señal de telefonía celular en el paraje era precaria o nula para varias compañías, lo que impedía una comunicación fluida ante cualquier hallazgo. “Si alguien encontraba algo de interés, no había forma rápida de comunicarlo porque no todos tenían señal ni aparatos de comunicación adecuados”, advirtió Risco, exponiendo la precariedad operativa con la que se intentó resolver uno de los casos más complejos de la historia criminal argentina.

El misterio de las huellas y las distancias imposibles

Otro de los pasajes más debatidos durante la extensa indagatoria tuvo que booties sobre las famosas huellas encontradas más allá de la Ruta Nacional 123. A lo largo del proceso, se tejieron múltiples teorías sobre el trayecto que pudo haber recorrido un niño de cinco años que, según la versión de los comensales, se había internado solo en el monte en busca de su padre.

Frente a los interrogatorios cruzados de las defensas y la querella, Risco aclaró que, según los manuales técnicos de búsqueda y rescate, un niño de esa edad tiene limitaciones físicas evidentes en cuanto a las distancias máximas que puede recorrer en condiciones adversas de vegetación y terreno. Los expertos calculan rangos estimativos que se alejan considerablemente de los kilómetros que separaban el naranjal de los puntos donde posteriormente se hallaron indicios o huellas aisladas.

Cuando se le consultó si era posible que esas marcas pertenecieran efectivamente al calzado de Loan, la testigo fue cautelosa pero firme: “Sería muy extraño que haya podido caminar semejante distancia en esas condiciones de terreno boscoso y oscuro”. Esta afirmación reaviva la persistente sombra de duda sobre si dichas huellas fueron reales, si correspondían al menor o si, por el contrario, fueron plantadas deliberadamente para despistar a los investigadores en las horas en que el cerco judicial comenzaba a cerrarse sobre los sospechosos.

La sombra de los “falsos investigadores” y el descontrol de llamadas

El testimonio también rozó la caótica presencia de personajes pintorescos y oscuros que llegaron a 9 de Julio bajo la fachada de colaboradores solidarios o enviados de fundaciones, tal es el caso de Nicolás Gabriel Soria, conocido mediáticamente como “el estadounidense”. Risco reconoció que la aparición de estos grupos paralelos generó aún más confusión en un escenario ya de por sí colapsado por la desesperación familiar y la presión mediática.

Paralelamente, el sistema de denuncias anónimas y de colaboración ciudadana a través de la línea 134 no paraba de recibir llamadas. Según se ventiló en la audiencia, se contabilizaron más de mil cien comunicaciones durante las primeras semanas. Sin embargo, la gran mayoría de estos llamados consistían en opiniones personales, teorías conspirativas o datos inconducos que los equipos debían filtrar minuciosamente antes de derivarlos a la fiscalía, un trabajo titánico que consumió recursos valiosos mientras las horas seguían pasando.

Las contradicciones del entorno y el dolor perpetuo

Mientras el debate oral continúa avanzando en medio de chicanas legales y testimonios que se extienden por horas, los padres de Loan, José Peña y María Noguera, continúan exigiendo respuestas concretas. Un detalle que no pasó desapercibido para los investigadores en las primeras declaraciones y que fue rememorado en el juicio fue el tono con el que el propio padre se refirió al niño en los primeros momentos posteriores a su desaparición, utilizando en ocasiones tiempos verbales en pasado que encendieron alertas tempranas entre los psicólogos y operadores judiciales que trabajaron en el caso.

A dos años de su desaparición, con diecisiete imputados que van desde los siete principales sospechosos del almuerzo hasta los acusados por encubrimiento, entorpecimiento y fraude, el caso Loan sigue siendo una herida abierta en la sociedad argentina. La declaración de Sofia Risco ante el tribunal no hizo más que poner negro sobre blanco: la impericia, los celos institucionales y la falta de profesionalismo en las primeras horas condenaron el destino de la investigación, dejando al descubierto un Estado que llegó tarde, mal y arrastrándose a un paraje donde un niño de cinco años se esfumó sin dejar rastro, protegido por un pacto de silencio que la justicia aún intenta romper por completo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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