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EL DETRÁS DE ESCENA QUE ATERRA A CORRIENTES: LA EXPLOSIVA DECLARACIÓN DE PAULA BERNINI QUE DESNUDA LA RED DE MANIPULACIÓN, EL ROL DEL “AMERICANO” SORIA Y EL CAOS EN EL JUICIO POR LOAN

Crónica Exclusiva: Una hora frente a los jueces, el encuentro fortuito con los principales acusados y las tenebrosas maniobras de los operadores que manipularon el caso

El cronograma del Tribunal Oral Federal avanzaba con la rigurosidad propia de un proceso que mantiene a todo un país en vilo desde hace más de dos años. Sin embargo, pocas jornadas generaron tanta expectativa previa como aquella en la que cruzó las puertas del recinto una de las caras más visibles del periodismo de investigación televisivo. La presencia de Paula Bernini, la cronista de TN que desembarcó en el paraje Algarrobal de 9 de Julio a pocas horas de la desaparición de Loan Danilo Peña, transformó la sala de audiencias en un improvisado estudio donde la trastienda de los medios y los secretos mejor guardados de la instrucción cayeron como un dominó.

Durante algo más de sesenta minutos de exposición minuciosa, interrumpida por objeciones técnicas, cruces picantes entre letrados y momentos de extrema tensión, la periodista no solo repasó su labor en terreno, sino que aportó piezas de un rompecabezas oscuro. Tanto es así que el propio presidente del tribunal, el magistrado Fermín Ceroleni, cerró su paso por el estrado con un reconocimiento formal hacia su tarea profesional. Pero más allá de los elogios protocolares, lo que verdaderamente sacudió el expediente fue la radiografía cruda de cómo se operó en los primeros días críticos de la búsqueda, donde la línea entre la verdad, la especulación y la extorsión rozó los límites de lo imaginable.

1. De un pedido de baño a la puerta del abismo: El día que la televisión chocó con Pérez y Caillava

Para comprender la dimensión de lo declarado por Bernini hay que retrotraerse a los primeros días posteriores al 13 de junio de 2024. En un pueblo conmocionado, donde las estaciones de servicio escaseaban y la logística se volvía un acertijo agobiante, la cronista y su equipo transitaban las picadas correntinas intentando ordenar el caos informativo. Fue en ese raid cotidiano donde, por una mera cuestión de necesidad fisiológica y de falta absoluta de infraestructura en la zona, el azar los condujo hasta un domicilio particular.

No buscaban inicialmente entrevistar a Carlos Pérez y a María Victoria Caillava; simplemente necesitaban pedir permiso para utilizar un baño. El destino —o la oscura ironía de los acontecimientos— determinó que ese inmueble perteneciera precisamente al matrimonio que hoy se sienta en el banquillo de los acusados como partícipe principal de la sustracción del niño.

Ante el tribunal, Bernini describió con precisión quirúrgica el contraste anímico y discursivo que percibió en aquella pareja que cambiaría para siempre el curso de la historia argentina:

María Victoria Caillava se mostraba visiblemente quebrada, dominada por los nervios, transitando el umbral de las lágrimas y con una carga emocional que, en un principio, aparentaba espontaneidad.

Carlos Pérez, en las antípodas de su esposa, exhibió desde el primer segundo una postura diametralmente opuesta: mucho más preparado, verborrágico, armado con un discurso blindado, cronometrado y estructurado para desviar cualquier suspicacia.

La cronista recordó ante los jueces cómo debió intervenir expresamente para pedirle a Pérez que se retirara momentáneamente del encuadre. Notaba con claridad que cada vez que Caillava titubeaba o estaba a punto de quebrarse con una frase reveladora, el marino retirado irrumpía para interrumpirla, corregirla, reorientar sus respuestas y blindar la versión oficial del matrimonio respecto a los traslados, los horarios y el uso de la camioneta Ford Ranger. Cuando Pérez finalmente irrumpió de lleno en la entrevista —un tramo que apenas superó los veinte minutos al aire—, no hizo más que contradecir los titubeos previos de su pareja, dejando en evidencia una estrategia discursiva tan férrea como desesperada.

2. El desembarco del “Americano” Soria: Operetas, libretos y pretensiones mafiosas

Si la descripción del matrimonio aportó un valor psicológico invaluable para los fiscales Carlos Schaefer y Tamara Pourcel, el tramo más escalofriante de la declaración de Bernini llegó cuando la lupa se posó sobre la figura de Nicolás Soria, el autodenominado “americano” que operó en Corrientes bajo un manto de fantasía, excentricidad y oscuros intereses.

Soria no era un improvisado en el ecosistema del caso; se movía con aires de agente encubierto, exhibía credenciales dudosas y construyó a su alrededor un personaje digno de una novela negra. Fue precisamente este sujeto quien, según reveló la periodista en la audiencia, estableció contacto directo con ella a través de WhatsApp para ofrecerle un botín codiciado por todos los medios del país: una entrevista exclusiva con Macarena Peña, la hija de Laudelina.

Pero las condiciones de ese encuentro rayaban el absurdo y la intimidación:

La cita clandestina: Soria exigió que la entrevista se realizara a solas en una habitación diminuta ubicada en una pensión precaria de 9 de Julio.

El temor justificado: Ante la desconfianza lógica que desperdiciaba el personaje, Bernini decidió no concurrir sola y asistió custodiada por el también periodista Alejandro Puebla y los respectivos camarógrafos de ambos canales.

El libreto redactado: Al llegar al lugar, el “americano” no solo pretendía coordinar los tiempos, sino que le entregó a la cronista un papel escrito de su puño y letra con las preguntas exactas que ella “debía” formularle obligatoriamente a Macarena, intentando transformar una cobertura periodística en una opereta guionada. Bernini rechazó de plano la exigencia, ret النبات al margen de sus métodos profesionales.

Sin embargo, lo más grave ocurrió cuando salieron a la luz las verdaderas intenciones de Soria. El falso agente le propuso a la cronista un intercambio directo: le garantizaría acceso irrestricto a los testimonios más sensibles de la causa a cambio de que ella le consiguiera los números telefónicos personales del entonces gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, y del exmandatario provincial Ricardo Colombi. La justificación que esgrimió Soria, según relató Bernini en el recinto, rozaba el delirio conspiranoico pero revelaba ambiciones de poder inadmisibles: argumentaba que necesitaba sentarse a negociar directamente con “la mafia política” de la provincia.

3. La cofradía del hotel: Alan Cañete, Elizabeth Cutaya y los falsos profesionales

La declaración de la periodista sirvió también para abrir una ventana hacia un submundo paralelo que operó durante las primeras semanas de la investigación: el autodenominado grupo “Dupuy” y sus satélites, un conjunto de personajes que se instalaron en un hotel de la zona con discursos mesiánicos, supuestas asesorías legales y prácticas de dudosa legalidad destinadas a enturbiar el testimonio de los menores y de los familiares más vulnerables.

Ante las preguntas de las partes, Bernini desfiló los nombres que marcaron época en las crónicas policiales de aquel invierno correntino:

Alan Cañete y Elizabeth Cutaya: Señalados como piezas activas en los traslados y en el control férreo sobre testigos clave, como el operativo de traslado de Laudelina a bordo de una camioneta.

Federico Esteban Rosy Colombo: El joven de los frenillos y la sonrisa esquiva que se presentaba indistintamente en los rincones del pueblo como psicólogo o flamante perito forense, tejiendo una red de contención ficticia alrededor de los testigos.

Patricia López: Presentada como psicopedagoga del grupo, quien protagonizó un episodio insólito al ser descubierta en una habitación del hotel pidiéndole a los niños que dibujaran y explicando solemnemente la “importancia psicoanalítica” de esos trazos, apartando a la prensa y blindando una burbuja de manipulación emocional bajo el argumento de proteger la intimidad.

Este entramado de contención espuria, según se desprende de la investigación que lidera el Ministerio Público Fiscal, no hacía más que buscar la alteración de los relatos, buscando construir coartadas colectivas que permitieran ganar tiempo a los verdaderos responsables de la desaparición de Loan. La reconstrucción de estos movimientos a través de los ojos de una cronista que debió convivir diariamente con el asedio de esta troupe aportó un insumo de altísimo valor para demostrar la magnitud del encubrimiento sistémico.

4. Chispazos en la sala: Cuando el careo dialéctico se desborda

Como ocurre habitualmente en las audiencias de alto voltaje político y social, el paso de Bernini por el estrado no estuvo exento de chispazos y momentos de agria confrontación entre los representantes legales de los 17 imputados.

El punto más álgido de la jornada se desató cuando el abogado Richard Vallejos, defensor del excomisario Walter Maciel, intentó someter a la periodista a un interrogatorio de tinte marcadamente hostil. Vallejos pretendía que Bernini emitiera opiniones técnicas y definiciones categóricas sobre la famosa “teoría del accidente” —aquella falacia instalada inicialmente para desviar la pesquisa—, un tópico que las defensas de Pérez y Caillava rechazan de plano en su estrategia judicial.

La reacción de la querella y de los defensores no se hizo esperar. La abogada Agostina Furlán interpuso objeciones formales de manera sucesiva, advirtiendo al tribunal que el letrado de Maciel estaba desnaturalizando la figura del testigo y exigiendo a una cronista de televisión respuestas sobre cuestiones periciales o investigativas que escapan por completo al trabajo periodístico de campo.

El debate subió de tono al punto tal que el presidente del tribunal debió intervenir enérgicamente en reiteradas oportunidades para recordarle a Vallejos los límites procesales del interrogatorio, advirtiéndole que debía reconducir sus preguntas sin hostigar a quien comparecía bajo juramento de decir la verdad. La escena reflejó a las claras la extrema sensibilidad que impera en el recinto, donde cada palabra pronunciada por un testigo externo es sopesada milimétricamente por las partes para intentar dinamitar o sostener las distintas hipótesis de la causa.

5. El pulso de las audiencias: Testigos clave y una pausa que enciende las alarmas

Tras la finalización del testimonio de Bernini, el debate continuó su marcha con el desfile de otras figuras fundamentales para la construcción de la prueba común. Entre ellas se destacó la comparecencia de la enfermera Alicia Axón —cuyo vínculo con el entorno de Caillava y los teléfonos hallados en un contenedor cercano la convirtieron en el centro de todas las miradas—, así como los aportes de la efectiva policial Yamila Cándida Alegre y de la vecina Daisy Leonela Ávalos.

Sin embargo, el cronograma judicial ingresó inmediatamente después en un impasse obligatorio de dos semanas, determinado por un receso administrativo, feriados y cuestiones de agenda de los propios magistrados. Esta pausa temporal en el debate oral genera sensaciones encontradas en la opinión pública: por un lado, un respiro necesario ante la densidad emocional y procesal de las últimas jornadas; por el otro, la persistente incertidumbre de saber que el rompecabezas judicial avanza paso a paso, pero todavía se encuentra lejos de alcanzar la última pieza.

A más de dos años de aquella siesta trágica en el paraje Algarrobal, el juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña demuestra que la verdad no se esconde únicamente en los expedientes formales, sino en los pliegues más oscuros de las complicidades locales, las operetas de personajes marginales y la resistencia inclaudicable de quienes, desde la justicia o desde el periodismo, se niegan a dejar que el caso quede sepultado en el olvido.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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