EL OJO EN LAS LAGUNAS Y EL HIJO ACORRALADO: Las impactantes revelaciones de la querella, la mentira digital que descoloca a la defensa y el temblor que sacude el juicio por Loan
EL OJO EN LAS LAGUNAS Y EL HIJO ACORRALADO: Las impactantes revelaciones de la querella, la mentira digital que descoloca a la defensa y el temblor que sacude el juicio por Loan

A más de dos años de aquella siesta trágica en el paraje Algarrobal de 9 de Julio, el expediente por la desaparición de Loan Danilo Peña sigue abierto a los sobresaltos más inesperados. Mientras el juicio oral y público avanza a paso firme ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes —convirtiéndose en una suerte de película judicial que la sociedad sigue con el alma en un hilo—, la querella de la familia, encabezada en los estrados por el equipo del doctor Alejandro Becchi y la doctora María Belén Russo Cornara, acaba de patear el tablero con una serie de pedidos explosivos que vuelven a poner el foco en zonas oscuras que la instrucción inicial prefirió pasar por alto.
Lejos de bajar los brazos o dar por sentada una verdad oficial hermética, la batalla judicial ingresó en un terreno de alta tensión técnica. Entre la exigencia de drenar lagunas olvidadas, el uso de inteligencia artificial para detectar anomalías en el suelo y una mentira digital que dejó al borde del nocaut al entorno de los principales acusados, el caso promete capítulos todavía más oscuros.
La obsesión de la querella: ¿Se pueden vaciar las lagunas después de dos años?
Uno de los movimientos más resonantes de las últimas semanas fue la solicitud formal presentada por la querella para inspeccionar y evaluar el drenaje de las lagunas 1 y 4, un operativo que jamás llegó a concretarse en los primeros meses de la investigación, cuando el tiempo apremiaba y el desorden operativo reinaba en la provincia.
En diálogo con los detalles que se ventilan en los pasillos judiciales, la doctora Russo Cornara fue categórica al explicar los motivos de esta jugada: “Nosotros no descartamos absolutamente nada. Lo que se investigó hasta ahora en estas lagunas nunca incluyó un vaciamiento. Queremos dejar todo concluido, decir con un ciento por ciento de seguridad que en ese lugar no quedó ningún rastro, algo que hoy todavía no podemos afirmar”.
El planteo no apunta a una simple búsqueda rudimentaria con botas y varas, sino a la aplicación de tecnología forense de vanguardia. La idea central es consultar al CUC (Consejo Superior de Cuestiones Científicas y ambientales o los organismos técnicos correspondientes) sobre la viabilidad de realizar una extracción de sedimentos en busca de ADN ambiental —es decir, material biológico microscópico que puede permanecer latente en el agua y el fango a pesar del paso del tiempo—.
A esto se le suma el pedido de una pericia geoespacial asistida por inteligencia artificial. Aunque la jueza Cristina Pozzer Penzo ha respondido de manera parcial a estas solicitudes a la espera de informes técnicos, la intención de la querella es utilizar herramientas de procesamiento de imágenes satelitales y subespaciales para detectar movimientos de suelo, alteraciones en el terreno y anomalías georreferenciadas ocurridas en los días posteriores a la desaparición del pequeño.
Para la familia de Loan, el gran problema radica en que los rastrillajes iniciales se hicieron a los ponazos, con un esfuerzo físico descomunal de los rescatistas pero sin la rigurosidad científica necesaria. (“No es lo mismo que personal policial camine por la laguna a que se realice un drenaje y se observe todo con precisión milimétrica”, remarcan desde el entorno querellante). Sin embargo, el fantasma del presupuesto y la viabilidad técnica siguen siendo las vallas que la justicia federal evalúa antes de dar luz verde.
El rechazo a la reconstrucción de los hechos y la protección de los menores
Otro de los puntos calientes que generó chispas entre la querella y el tribunal fue la negativa rotunda a realizar una nueva reconstrucción de los hechos en el famoso Naranjal. Mientras el doctor Juan Pablo Gallego y los defensores particulares insisten en que la reconstrucción primigenia estuvo plagada de vicios y se hizo de manera incorrecta, la magistrada y el tribunal oral cerraron la puerta bajo un argumento de peso institucional: la participación de los menores.
Los niños que presenciaron el almuerzo maldito ya debieron someterse en múltiples oportunidades a entrevistas en Cámara Gesell, atravesando situaciones de profunda tensión emocional. Someterlos nuevamente a una recreación física en el escenario de los hechos implicaría un desgaste revictimizante innecesario. Ante la negativa de los jueces, la querella interpuso recursos de queja, aunque reconocen que la vía procesal se angosta cada vez más.
Curiosamente, mientras unos se golpean contra la pared de la negativa judicial, otros como el abogado defensor de la familia o algunos coimputados reflotan el pedido cada vez que una nueva contradicción salpica el expediente. La gran pregunta que flota en el aire es si vale la pena o no una puesta en escena cuando los propios imputados tienen el derecho constitucional a negarse a participar, obligando a la justicia a utilizar actores o efectivos policiales para encarnar los roles de los sospechosos.
La bomba que se viene: La mentira digital de Jorge Bertón y el desmoronamiento de las coartadas
Pero si hay un momento que promete paralizar las próximas audiencias del juicio oral es la inminente declaración de Jorge Bertón, el hijo de María Victoria Caillava. Su testimonio fue fijado estratégicamente para el día posterior al paso de su propia madre por el estrado, generando un contraste jurídico lapidario: mientras Caillava, en calidad de imputada, tiene el derecho absoluto a mentir o a guardar silencio sin que eso constituya una presunción en su contra, su hijo deberá declarar bajo juramento de verdad.
Y las expectativas sobre lo que Bertón pueda llegar a decir no son menores, especialmente tras el devastador informe brindado por el perito de la Policía Federal Maximiliano Ciares, encargado del área de geolocalización y análisis de dispositivos móviles.
Ciares dejó al desnudo una serie de incongruencias técnicas insalvables entre lo que declaró Bertón en su momento y lo que marcan las antenas y registros digitales de los vehículos:
El almidón de la mentira: Bertón había jurado ante la justicia que la noche de la desaparición de Loan se encontraba durmiendo plácidamente en su domicilio ajeno al despelote.
La prueba lapidaria: Sin embargo, el informe técnico constató que alrededor de la medianoche se conectó un dispositivo móvil al sistema multimedia de la camioneta. No se trata de un encendido remoto genérico; el teléfono de Bertón debió estar físicamente pegado al habitáculo del vehículo para enlazarse por bluetooth o cable.
¿Qué hacía el auto conectado a su celular a altas horas de la madrugada si supuestamente él estaba durmiendo en su cama? La pregunta retumba en los tribunales correntinos y desarma la coartada familiar. A esto se le suman los entrecruces de llamadas y chats que contradicen frontalmente sus dichos sobre la falta de contacto con su madre durante esa fatídica jornada. El testimonio de Bertón de la semana próxima promete ser un dominó que arrastre lo poco que queda en pie de la defensa de Caillava.
El búnker de los “falsos Dupuy” y el entorpecimiento sistémico
A medida que el juicio avanza, la percepción social e institucional sobre los diez personajes que llegaron a Corrientes bajo el paraguas de falsas representaciones —bautizados popularmente y con ironía como los “falsos Dupuy”— se ha vuelto cristalina. La querella no duda en calificarlos como los mayores entorpecedores de la causa.
Su incursión en el territorio, el manejo caótico de los testigos, la manipulación de los menores y la creación artificial de escenarios paralelos buscaron desde el día uno desviar el foco de la investigación. Hoy, sentados del otro lado de la barandilla, obligados a guardar silencio sobre ciertos temas y cercados por la opinión pública, su papel en el entorpecimiento procesal es visto por los fiscales como una maniobra coordinada de distracción.
Atrás quedaron los días de zozobra mediática donde se agitaban fantasmas de redes internacionales de trata con tintes novelescos o operaciones políticas de alto vuelo impulsadas por intereses espurios. Hoy el juicio se limpia de hojarasca y expone la cruda realidad: la participación directa o encubridora de los círculos más cercanos.
¿Se rompe el pacto de silencio? Echar culpas y cruzar los dedos
Una de las grandes incógnitas que desvela tanto a la prensa como a los familiares de Loan es si el famoso pacto de silencio entre los detenidos comenzó a resquebrajarse. La abogada Russo Cornara prefiere la prudencia técnica: “Como estudio jurídico no podemos confirmar que el pacto se haya roto, porque romperlo significa saber con certeza quirúrgica qué fue lo que pasó y dónde está Loan. Pero sí podemos afirmar que algo está pasando”.
Ese “algo” se nota en la atmósfera de las audiencias. Ya no existe un bloque monolítico de siete imputados defendiendo una narrativa común. En las últimas semanas, las declaraciones empezaron a mutar hacia el pase de factura mutuo. Los dedos se levantan para señalar al vecino, los coimputados se echan las culpas entre sí y la tensión en la sala es palpable.
El ejemplo más claro es la postura asumida por el excomisario Walter Maciel, quien en sus últimas ampliaciones declaratorias optó por romper lanzas y apuntar directamente contra Carlos Pérez, María Victoria Caillava y Laudelina Peña, asegurando estar convencido de que todo se trató de un trágico accidente automovilístico que luego fue deliberadamente ocultado.
Sin embargo, la hipótesis del “accidentito desafortunado” choca de frente contra la pared de sentido común que levanta la propia fiscalía: si hubiera sido un simple accidente de tránsito, ¿por qué montaron semejante operativo clandestino? ¿Por qué Laudelina inventó la historia del botín en el barro? ¿Por qué se demoró de manera criminal el inicio de la búsqueda? La teoría del accidente no resiste el menor análisis lógico frente a la magnitud del encubrimiento posterior.
Sombras, renuncias y personajes turbios: Del juez que se va al “americano” misterioso
El devenir del juicio también se vio salpicado por condimentos propios de un thriller político. El anuncio de la renuncia del juez Fermín Amado Ceroleni, presidente del Tribunal Oral Federal, prevista para efectivizarse a partir del 1 de diciembre con motivo de acogerse a los beneficios jubilatorios, generó un fuerte malestar en las redes sociales y en la comunidad.
Si bien desde el punto de vista procesal la subrogancia está garantizada por magistrados como el juez Bossi —quien ha estado sentado al lado de Ceroleni desde el primer día de audiencias— y el debate no se interrumpirá, la partida anticipada del presidente del tribunal cayó pésimo en el seno familiar. La gente percibe que un juez tiene el compromiso moral e histórico de finalizar un juicio de esta magnitud antes de colgar la toga, y la idea de que el proceso se estire hasta el año próximo debido a la abultada lista de testigos (más de 240 en total, de los cuales ya pasaron cerca de 80) deja un sabor agridulce.
A este condimento institucional se le suman las sombras recurrentes de personajes oscuros que rodearon la causa desde el minuto cero. La presencia en su momento de figuras extranjeras —como el autodenominado “americano” que operaba bajo el ala de periodistas nacionales condicionando entrevistas, filtrando preguntas en papelitos y custodiando a menores— sigue siendo una mancha negra de intromisión turbia que la justicia aún no terminó de limpiar.
La cuenta regresiva hacia la verdad
Las próximas semanas serán determinantes. La declaración de María Victoria Caillava y, sobre todo, el careo técnico con las pruebas del celular de su hijo Jorge Bertón pondrán a prueba la resistencia de las defensas. Las escuchas telefónicas que la fiscalía promete desatar en las siguientes etapas sumarán un nuevo capítulo a una causa que se niega a quedar en el olvido.
La sociedad reclama una justicia completa: no solo saber dónde está Loan y qué aberración cometieron con él, sino asegurarse de que absolutamente todos los responsables materiales, intelectuales y encubridores paguen con el peso de la ley. Mientras el abuelo Miguel, los padres y los letrados continúan sosteniendo la bandera de la lucha cotidiana, el expediente transita sus horas más calientes. Las caretas se caen, las coartadas digitales se desinflan y el juicio oral expone, sin filtros, la radiografía exacta de la impunidad.