PERITO REVELA DATOS de RAMÍREZ Y MILLAPI/Caso Loan/Juicio Loan

LOS SECRETOS DELUFED: EL PERITAJE FORENSE QUE DESGUAZÓ LAS COARTADAS Y PUSO EN JAQUE AL PODER EN EL CASO LOAN
A meses de que la desaparición del pequeño Loan Danilo Peña continúe sacudiendo los cimientos de la justicia argentina, el debate oral y público en los tribunales federales arrojó un testimonio explosivo que amenaza con tirar abajo las coartadas de todos los imputados. La declaración de la perito informática Joana Méndez, encargada de desentrañar la millonaria extracción de datos mediante el sistema UFED Cellebrite en el SICAT del Ministerio de Seguridad, expuso los oscuros hilos de un entramado donde las llamadas cruzadas, los mensajes borrados y las fotografías en los teléfonos de Laudelina Peña, el comisario Walter Maciel, Antonio Benítez y Mónica Millapi demuestran que el pacto de silencio institucional se está desmoronando desde adentro.
Durante horas de un interrogatorio tenso y plagado de objeciones por parte de las defensas y la querella, la perito desmenuzó el contenido digital extraído de los dispositivos secuestrados, revelando una red de comunicaciones frenéticas durante las horas previas y posteriores al momento en que el niño se esfumó en el paraje rural de 9 de Julio. Lejos de tratarse de un accidente fortuito o de un extravío en el monte, el análisis telemático expone una secuencia milimétrica de llamadas, chats sobre la aparición de elementos plantados y maniobras de desorientación que hoy ponen contra las cuerdas a los principales sospechosos.
La trastienda de las llamadas: el teléfono de Laudelina y la messa en escena
El núcleo central de la revelación pericial comenzó a girar en torno al análisis del celular de Laudelina Peña, una de las figuras más oscuras de la causa. Según detalló la experta ante el tribunal, el vaciado de su dispositivo permitió certificar comunicaciones clave ocurridas el 13 de junio, el día anterior y durante la madrugada misma de la desaparición.
El desglose de llamadas muestra un intercambio incesante a partir de las 14:00 horas. Laudelina mantuvo contactos cruzados con su hija Macarena, con Antonio Benítez, con la abuela Catalina —quien un día antes la había invitado a un almuerzo con la excusa de comer pollo— y con números que ni siquiera figuraban agendados en su agenda, los cuales debieron ser rastreados mediante transacciones en la plataforma Mercado Pago para dar con sus verdaderos titulares.
Lo más inquietante del peritaje no son solo los horarios, sino el contenido de los chats que la propia Laudelina mantuvo en la madrugada, donde comenzó a circular la falsa versión de que Loan había aparecido sano y salvo, afirmando incluso que el comisario Maciel se había retirado raudamente para supuestamente “llevarlo al hospital”. Para la fiscalía, esta maniobra formaba parte de una operación de intoxicación informativa diseñada desde los primeros minutos para ganar tiempo y desviar el foco de la búsqueda real.
La sombra del comisario Maciel y la foto del botín
La figura del comisario Walter Maciel emergió en el debate como uno de los ejes vertebradores del encubrimiento policial. Del análisis de su teléfono celular se desprendió que el uniformado mantenía un contacto ininterrumpido con su entorno familiar, informando pormenorizados detalles de lo que ocurría en el terreno. Sin embargo, el dato más escandaloso provino del hallazgo de material fotográfico vinculado a la famosa bota hallada en el barro.
El peritaje confirmó que tanto en la galería del teléfono de Macarena como en el aparato de Maciel existían registros fotográficos de la zapatilla del niño, aunque tomados desde ángulos y momentos diferentes. Las imágenes revelan que Maciel se encontraba en el lugar exacto junto a los demás involucrados en el momento en que se produjo el supuesto “hallazgo”, un operativo que el propio comisario intentó capitalizar ante los grupos policiales internos asegurando que la había encontrado él mismo gracias a los datos aportados por un “informante anónimo”. La pericia demostró que la escena fue milimétricamente montada, dejando en evidencia la connivencia entre los mandos policiales y los civiles imputados.
El misterio de los archivos de Benítez y las zonas grises del peritaje
Por su parte, el análisis del teléfono de Antonio Benítez arrojó un escenario particular. Según la perito, el dispositivo presentaba características técnicas más precarias y una escasez notable de registros de mensajería instantánea correspondientes al 13 de junio. No obstante, al adentrarse en la galería de imágenes, los expertos se tropezaron con un archivo de fotografías de tinte pornográfico e imágenes de personas fallecidas, un detalle que encendió nuevas líneas de interrogatorio sobre el perfil psicológico y los antecedentes del entorno que rodeaba al menor.
Durante el contrainterrogatorio, los abogados defensores intentaron debilitar el alcance de las pruebas argumentando que la duración de una llamada —como los extensos contactos de más de 20 minutos entre Laudelina y Benítez, o los 47 minutos de conversación con la abuela Catalina— no certifica por sí misma la existencia de un “acuerdo criminal previo”. Sin embargo, la fiscalía sostuvo que la acumulación de llamadas en momentos críticos, sumada al silencio posterior y a la coordinación de versiones falsas ante los medios, constituye una cadena indiciaria sumamente sólida.
Un juicio que recién comienza y promete más terremotos
A medida que el debate avanza y los peritos continúan desfilando ante el tribunal para ratificar los informes firmados bajo normativas federales, el caso Loan se aleja definitivamente de la hipótesis inicial de la pérdida accidental. Las escuchas, el entrecruzamiento de antenas de telefonía celular y la constatación de que la estructura policial local operó como un aparato de encubrimiento en lugar de un organismo de búsqueda, confirman que detrás de la desaparición del niño opera una red de complicidades, mentiras y silencios cómplices.
El tribunal deberá resolver en las próximas audiencias si las contradicciones expuestas en torno a los reportes digitales logran quebrar los últimos bastiones defensivos de los acusados. Mientras tanto, en las afueras de los tribunales, el clamor popular sigue exigiendo respuestas. La verdad forense ya habló a través de los teléfonos; ahora le toca el turno a la justicia de dictar sentencia y limpiar por completo la impunidad que ensombrece a toda la provincia de Corrientes.